viernes, 15 de septiembre de 2017

Homo sapiens vs Homo sensorium

Sense8

Narra la historia de ocho personas de diferentes partes del mundo que, tras una trágica muerte, se encuentran emocional y mentalmente conectados.


No sabría cómo empezar a hablar de una serie tan brutal. 
Aún sabiendo que no habría tercera temporada y que todo lo que obtendría como final sería un capítulo de dos horas, me animé a verla. ¡Y menos mal que lo hice!


La trama es una de las cosas que más me llamaba la atención. Sentía mucha curiosidad por saber cómo los hermanos Wachowsky habrían solventado el que cada personaje estuviera en una punta del mundo y cómo se desarrollarían las tramas para hacer de una idea sencilla, una serie que se va volviendo más compleja capítulo a capítulo. Empiezas la serie entendiendo poco o nada, haciéndose incluso lenta en algunos momentos, para llegar a un punto en el que te metes tanto en la serie que no puedes parar de verla.
Pero no solo el argumento de la serie es una genialidad. 
La banda sonora es acertada, pegadiza e incluye algunas de las mejores canciones que existen. Los momentos en los que suena Baba O'Riley o What's up? son algunas de mis escenas favoritas de la serie.
Pero es que el montaje tampoco se queda atrás. Ni la fotografía, ni siquiera el sonido. Las localizaciones en las que tiene lugar la serie, sobre todo las de la India o Nairobi suponen un regalo para los ojos.



Con esta serie he llorado, sobre todo con Sun. Pero también he reído con Lito, he suspirado con Kala y Wolfgang, me he desesperado con la tristeza infinita de Riley, he sentido valor con Capheus y Will, he vuelto a creer en el amor incondicional con Nomi, y hasta he odiado algunas escenas y personajes. 
El viaje de todos es impresionante, aunque es inevitable tener preferencias por alguno más que por otro, y por eso Sun, Wolfgang y Lito (maravillosamente interpretado por Miguel Ángel Silvestre) han acabado siendo mis sensates favoritos. Sin dejar de lado a Amanita, que ha hecho que me emocionara en más de una ocasión, llegando a verla como el 9º sensate. Debo hacer una mención especial a Felix, Bug y Hernando porque no me he podido encariñar más de unos personajes secundarios.

El mundo LGTB está muy presente en toda la producción, tema que ha sido muy controvertido. En todas las series se deberían ensalzar un poco más las relaciones homosexuales, para que de una vez, la gente empiece a verlas como lo que son, normales.

No puedo dejar de comentar los momentos en los que todos los sensates se reúnen, que empiezan a ser más asiduos en la segunda temporada. No puedo dejar de hacerlo porque hacen vibrar al espectador. 
De verdad, el trabajo de casting no podría haber sido mejor.



Puede que no sea la mejor serie que he visto, ni la que más voy a recordar, ni siquiera la que veré cuando no tenga nada que me enganche como lo ha hecho esta serie. Pero si que es una serie genialmente contada, con unos actores de escándalo y original. Muy original.


Han dejado muchas puertas abiertas todavía, así que espero un gran capítulo final. 
Mientras tanto, ¡sigan viendo series!
B.

viernes, 10 de febrero de 2017

Ojos que ven, corazón que siente

Manchester frente al mar 


Lee Chandler (Casey Affleck) es un solitario encargado de mantenimiento de edificios de Boston que se ve obligado a regresar a su pequeño pueblo natal tras enterarse de que su hermano Joe ha fallecido. Allí se encuentra con su sobrino de 16 años, del que tendrá que hacerse cargo. De pronto, Lee se verá obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la comunidad en la que nació y creció. 

Con esta película he tenido sentimientos encontrados. Me explico. Antes de verla, tenía ganas, pero también pensaba que sería la típica que voy dejando en la lista de 'películas que quiero ver' por ser lenta y no acabar de convencerme la sinopsis. 
Pero tengo un buen amigo cinéfilo de esos que ya no quedan, al que le gusta el cine de autor, y hables del director que hables nunca te responderá con un: ¿Quién es ese, qué películas ha dirigido? 
Es como una buena enciclopedia de cine, y con un gusto exquisito. Por eso, me convencí de verla. Y para qué nos vamos a engañar, la empecé a ver sin mucho entusiasmo. 

Tras un par de tomas, empecé a enamorarme. 
Me enamoré de Manchester, de sus paisajes, de sus habitantes y de su historia por contar, hasta tal punto de haber buscado su localización en el mapa, y querer ir a visitar esa ciudad que tanto me ha hecho sentir.
Además de todo esto, la banda sonora crea una fluidez maravillosa, que se integra perfectamente con todos los elementos que la rodean y hace que sea un placer aún más grande ver 'Manchester frente al mar'.


La historia es sencilla, tortuosa, apremiante, sorprendente, pero siempre sencilla. Algunos pensarán que estoy loca, pero no creo que sea una película que se base en grandes acontecimientos. 

Llegados a este punto y a esta conclusión, creo que he de explicarme una vez más. Sí que hay grandes acontecimientos, pero están tan bien contados, son tan reales, que dejan al espectador con la sensación de haber visto una historia que no cuenta mucho. 
Podrían pensar que eso no la hace una buena película, pero no lo hagan, sería una gran equivocación.
Las escenas se van sucediendo una tras otra, de una forma sutil, bien hilvanada y con una forma de narrar tan imperceptible, que resulta natural como la vida misma aunque las situaciones que se crean no lo sean. 

No conocía a Kenneth Lonergan, pero al ver unas pocas secuencias he podido entrever que cuida cada detalle, cada fotograma y cada actitud de sus actores. Y que el duelo y la miseria son dos sentimientos que sabe plasmar perfectamente con una dirección genialmente estructurada.

Solo me queda decir que Casey está sublime en su papel, su personaje (Lee) esconde una gran historia tras esa fachada de introversión, hasta tal punto en el que habrá momentos durante el metraje en los que no puedan contener una pequeña lágrima cayendo por sus mejillas, casi sin darse cuenta. Podría dar un curso acelerado y ponerme a hablar de técnica, pero hay veces que los tecnicismos se quedan pequeños para describir sentimientos. Sientan a su personaje, no hace falta saber mucho para darse cuenta de que Casey Affleck ha dado con el papel de su vida. 


Hace poco vi una entrevista en la que decía que cuando había llegado el guión a sus manos se había quedado tan fascinado, que pensó que no le importaría que nadie fuera a verla al cine, que merecía la pena correr el riesgo. Y no se equivocó. Eso sí, puede que después del 26 de Febrero de 2017, Matt Damon se tire un poco de los pelos por haber pasado el papel a su amigo.
Haga lo que haga este año la academia, este señor ha construído un papel de Óscar. 

No puedo dejar de nombrar a una Williams espectacular, no en vano, es una de las grandes actrices infravaloradas de los últimos años.

Y por último pero con la misma importancia, debo nombrar a Lucas Hedges. Lo había visto en alguna producción siendo aún más joven de lo que ya es y la verdad es que no le había dado mucho crédito. Tras ver 'Manchester frente al mar' será difícil borrarle de mi retina. Casey se echa sobre los hombros la mayor parte del metraje, tal como su papel requiere, pero sin Patty (Lucas Hedges) nada cobraría ningún sentido. Créanme que lo entenderán al recorrer las casi dos horas de duración de la producción.


Me quedo con dos grandes personajes principales, con una historia dura, que destruye, pero también recompone, y con cómo la familia puede suponer la salvación para uno mismo.


Hasta pronto, 
B.

sábado, 12 de noviembre de 2016

La salvación de Mr.Church


Mr.Church

'Mr. Church' cuenta la historia de la amistad única que desarrollaron una niña pequeña y su madre moribunda con un talentoso cocinero llamado Henry Joseph Church que decidieron mantener como empleado. Lo que comenzó siendo un acuerdo de trabajo por seis meses se extendió a quince años y la familia creó un lazo que duraría para siempre. 

No había llorado tanto con una película en mucho tiempo. Solo puedo decir que es entrañable, que está llena de desdichas, pero también de superación, de cómo seguir adelante, de cómo enamorarse de la vida, y de cómo una persona puede cambiar el curso de las cosas. De cómo pertenecer y llegar a ser feliz en las condiciones menos favorables. 


Si Mr. Church es el centro del metraje, el jazz y la cocina lo son también. Son dos de las cosas que más definen la personalidad de Mr. Church, de modo que se hacen presentes a lo largo de toda la película, llegando a hacerse imprescindibles para considerarla una historia bien contada.

Creo que es la primera vez que veo una película en la que me tomo en serio a Eddie Murphy, y al contrario de resultarme desagradable, ha sido una gran sorpresa para mis ojos y oídos, y muy grata he de decir. Pero no solo Murphy es digno de mención.
Tanto Madison Wolfe (Poppy de pequeña), como Mckenna Grace, y Natalie Coughlin; es decir, las pequeñas, pero talentosas actrices, dan gran fuerza al curso de los hechos. Hacen que la historia cobre sentido, luz, magia. Están soberbias.


Las tres niñas tejen su papel con gran delicadeza, resultando por supuesto imprescindible la presencia de Britt Robertson (Charlotte). Esta, sorprendentemente adulta, hace aflorar emociones en el espectador que nunca creí posibles de esta joven, pero prometedora actriz. Pasa por las algunas de las peores circunstancias en las que la vida nos puede llegar a poner a cualquiera, y lo hace con gran entereza, tesón y un gran sentido de la pérdida. Deja que Mr. Church cuide de ella, llegando a considerarle su única familia -hecho que se hace patente cuando este la echa de su casa, y por un momento se ve sola en el mundo-, y cuando llega el momento de devolverle todo lo que ha hecho a lo largo de los años, allí está ella, para dar y dejar de recibir después de 15 años.

Me gustaría hacer también mención a la evolución del personaje de Murphy. A lo largo de los años se presenta como un personaje misterioso, que hace su trabajo y cuida de una niña y su madre sin ninguna obligación de hacerlo. Y en ese momento que ya he nombrado, en el que echa a Charlotte de su vida, ella tiene un accidente, se recompone, se hace cargo de ella y siguen el curso de sus vidas. Es entonces, después de unos años más, cuando cae enfermo y demuestra a través de sus palabras a la hija de Charlotte -Izzy-, cómo un hombre perdido en el mundo, cae por cosas del destino, en su salvación. Ambos personajes se salvan mutuamente. 


Y aquí entra el tercero en discordia: Larson, interpretado por Christian Madsen. Que no solo es un personaje de relleno, si no que se hace imprescindible, llegando al punto en el que Charlotte supone su forma de redimirse, de hacer las paces con la vida, y así poder dirigirla hacia algo mejor.

Al empezar a ver la película, esperas una triste historia de hija y madre con cáncer, para llorar, para casi cortarte las venas. Pero según va avanzando, te das cuenta de que esta película trata mucho más que de eso. Se trata del amor en todo su esplendor, de cómo una niña puede empezar no queriendo tener a Mr. Church en su casa, para terminar considerándolo el centro de su mundo. Y, sinceramente, ojalá todos tuviéramos a un Mr. Church para que nos salvara la vida. 


Podría hablar de banda sonora, fotografía, montaje, dirección, pero creo que esta película va mucho más allá de eso. Va de sentimientos, de personas, de pequeñísimos detalles.

Sinceramente, me resulta una historia tierna, lacrimógena y que puede enseñar mucho de la vida. Los actores están cómodos y espléndidos en sus papeles y eso hace de esta película una serie de fotogramas muy agradables de ver.

Es, en resumen, como las palabras de Charlotte: unos hablarán sólo de ella, otros de todo menos de ella y otros no hablarán porque no lo necesitan.



Y, al final, así es la vida: unos hablan de sí mismos, otros tan solo de los demás y a otros no hablan porque no lo necesitan. 

Hasta pronto espero, 
B.

lunes, 18 de abril de 2016

Lágrimas y desconcierto

De padres a hijas

Historia de la relación entre un padre y su hija a lo largo de 25 años. Todo comienza en Nueva York en la década de los 80, donde Jake Davis (Russell Crowe), novelista ganador del Pulitzer y viudo reciente tras la muerte de su esposa, lucha contra una enfermedad mental al tiempo que intenta criar a su hija de cinco años. 


Tengo la firme convicción de que Russel Crowe es uno de los mejores actores de nuestro tiempo, y a pesar de las críticas no muy merecidas de este metraje y de que su actuación no llegue a ser espectacular, lo demuestra una vez más. Hace ya unos cuantos años, demostró al mundo y a la crítica mundial en el papel de Andrew en 'A beautiful mind' (como ya había hecho Jack Nicholson en 'One flew over the Cukoo's nest'), que se pueden llevar a la gran pantalla personajes tan grandiosos como sus patologías mentales. Y dicho sea de paso, si no la han visto dediquen unas horas de su tiempo a disfrutarla. 

De nuevo, lo vuelve a hacer, considerando que los brotes psicóticos en forma de crisis convulsivas que sufre nuestro protagonista, están increíblemente logrados. Puede que la objetividad no sea la mayor de mis virtudes, pero pocas veces me ha costado defender su buen hacer, aunque en esta ocasión haya supuesto un reto. 

Por otro lado, vemos sus facetas de escritor y padre, que aunque importantes para el desarrollo de la trama, sus presentaciones se quedan cortas, mostrando el lado de la profesión que ya conocemos, el que absorbe, abstrae y olvida. 




Podría desmenuzar esta película toma a toma, escena a escena, podría, pero es algo que no haré. Explicaré el por qué. En todo su largo y ancho, se suceden una serie de escenas que crean ganas de saber más, pero también desconcierto. 

Siempre he sido una gran admiradora de dos cosas en el séptimo arte: las voces en off y los flashbacks (como ya había declarado anteriormente). 

Pues bien, llega un punto en el que los fashbacks parece que dejan de tener sentido, que se pierde el hilo del argumento, en el que se desdibuja el motivo, lo que se pretende contar. Entiendo que 'Fathers and Daughters' habla de las relaciones paternales que se crean, de cómo amar y dejar ser amado, e incluso del miedo a ser abandonado por aquellos que te quieren. Pero sinceramente, no me convence. Entiendo que Katie (hija de Jake), interpretada por Amanda Seyfried, supla su falta de amor y confianza acostándose con chicos para todos los gustos, por aquello de ser una niña perdida. Sin embargo, me llega a resultar incoherente que otras facetas de su vida estén completamente intactas, como el hecho de ser capaz de ayudar a una niña a amar y confiar, cuando ni siquiera ella misma es capaz. También me resulta chocante que ella, que tanto ha sufrido por la pérdida de sus padres, sea una psicóloga en ciernes, que ama su trabajo y que además, se le da francamente bien. Todas estas situaciones, llegan a resultar contradictorias, dejando ver un guión poco creíble, mal definido y desastroso. 

Dejando a un lado el guión y la construcción del papel de Katie, en lo que concierne a Amanda Seyfried, considero que está sobreactuada la mayor parte del tiempo, que no encaja en el rol de chica promiscua y perdida, incapaz de amar. Me ha llamado también la atención, la forma de conocer el amor, la intensidad de una relación que acaba de comenzar con un chico que conoce en un bar, del rápido pasar de las escenas y de los sentimientos de la pareja formada por los personajes de Seyfried y Paul. Y si tenían alguna duda, no me ha llamado la atención por estar bien contada, si no por la rapidez inadecuada de su historia de amor. 




Siempre he creído que Diane Kruger, además de ser un bellezón, no es mala actriz. Llevo años deseando verla en un papel de 'mala' y, sin ser perfecta en el papel de tía que aleja a Katie de su padre, tampoco resulta descafeinada. Quvenzhané -nombre impronunciable, de paso sea dicho- está correcta en su rol, siempre quedando en un segundo plano, como niña que está siendo ayudada por la "estupenda psicóloga" que es Katie. 

No puedo dejar de nombrar la aparición estelar de Jane Fonda, que aunque breve, nunca da lugar a la crítica. Kylie Rogers (Katie de niña) tampoco merece que se la tenga en tan baja consideración como para no nombrarla, de hecho si algo tengo que destacar sobre el personaje de Katie, es ella, que al menos da forma a la personalidad de la que después llegará a ser la 'Katie adulta'. 




Por dejar un poco de lado lo que considero no incorrecto, pero sí potencialmente discutible en este largometraje, tengo que ensalzar ciertos aspectos. A pesar de todo, o a su favor, la industria del cine no tiene por qué seguir las reglas de lo coherente y previamente establecido, por eso declaro que esta es única y exclusivamente una opinión personal. Creo también, que cumple su función: entretener y emocionar al espectador, que hasta yo, norteña de corazón pétreo, he podido vislumbrar en la mezcla de agua e iones que corría por mis mejillas en ciertos momentos. 




El final feliz es indiscutiblemente merecido. Resulta agradable de ver, cómo después de todo lo sufrido, Katie consigue recordar a través de la última obra de su padre y del amor ajeno -y propio-, que el mundo puede ser un lugar feliz en el que vivir, donde sentir y sufrir está bien, y donde por encima de todo, estos sentimientos nos hacen más fuertes en lugar de matarnos. 

Hasta pronto, 
B.  

sábado, 16 de abril de 2016

Pelirrojos y acentos británicos

Birdsong


Esta emocionante historia comienza en 1910, cuando el joven inglés Stephen Wraysford (Eddie Redmayne) viaja a Francia para estudiar el funcionamiento de la empresa textil de René Azaire. Allí conoce a Isabelle (Clémence Poésy), la mujer del dueño, con la que vive un inolvidable romance.

Hace ya unos años que le sigo la pista a Eddie Redmayne. Concretamente, desde que cayó en mis manos 'Mi semana con Marilyn'; película en la que Michelle Williams demuestra que no es solo la actriz secundaria de 'Dawson's Creek'. Fue entonces cuando empecé a sentir el fenómeno fan en mis propias carnes, no sólo por su belleza, sino por su delicadeza, su buen hacer, su versatilidad y su elegancia, llegándome a parecer la versión mejorada de un elegantísimo Cary Grant.

Por casualidad, o por obras del destino, me hablaron de esta miniserie y, sin saberlo, me encontré que estaba protagonizada por este maravilloso pelirrojo.

Lo que me he encontrado es una obra de arte muy sutil.
Me resulta estupenda la combinación de pasado, presente y futuro. No es la primera vez que disfruto de este tipo de combinación en la pequeña o en la gran pantalla, pero sí que es una de las primeras veces (al margen de Cinema Paradiso) en las que el binomio forwards-backwards llega a funcionar, a no resultarme chocante.

Ha sido fascinante ver la evolución de Stephen (Eddie Redmayne) a lo largo de los 2 capítulos; empezando como un joven tímido y enamorado, pasando por alguien con apariencia fría, para acabar como un hombre destrozado por la guerra, pero que aún conserva las ganas de vivir. La actuación de Redmayne resulta espléndida para el ojo del espectador, pero tampoco se quedan cortos los actores secundarios. Tanto un capitán Weir, aka Robb Stark (Richard Madden), como Firebrace (Joseph Mawle) [no en vano fue nominado al BAFTA a mejor actor secundario], y sin olvidarme de un estupendo Matthew Goode, en el papel del a veces despiadado y odiado capitán Gray. Los 3 actores generan momentos tiernos, duros, reales y llenos de sentimiento durante la producción. Resultan esenciales para el desarrollo de la trama y de la personalidad de Stephen.

No puedo dejar de mencionar otros personajes mucho más innecesarios en la trama como Tipper, cuyo actor puede que no genere nada apoteósico, pero si que ayuda a ver la humanidad del personaje encarnado por Redmayne, que a fin de cuentas, es el centro de toda la producción.


Sin embargo, las interpretaciones femeninas me han parecido insulsas y a veces, hasta algo prescindibles. Siempre por hablar de alguna manera, ya que sin Isabelle (Clémence Poésy) el desarrollo de la historia no tendría ningún sentido. Si tuviera que quedarme con una de los pocos personajes femeninos, sería con Lisette (la hijastra de Isabelle), cuyas apariciones son pocas y breves, pero maestras.

No todo son actores en esta producción. El vestuario, los espacios, las escenas de guerra, ... El director de fotografía utiliza los espacios y los claroscuros con mucha inteligencia, dando aún si cabe más credibilidad a la ambientación. En general, la puesta en escena es estupenda, muestra con bastante fidelidad la riqueza de los años anteriores a la I guerra mundial, alternando escenarios más grotescos y pobres, más propios del largo conflicto bélico europeo. Pero siempre bastante cercanos a la realidad.

Sin querer hacer ningún spoiler, hay una escena que debo mencionar. No dejen pasar por alto el momento previo a que el pelotón parta para luchar, ese en el que cada soldado escribe una carta a sus seres queridos. Ni aquel otro en el que Weir admite ante Stephen que nunca ha estado con una mujer. No son dos momentos clave, ni siquiera importantes en la trama principal, pero sí dos momentos contados con delicadeza y buen hacer. No los pasen por alto, de verdad.

No debo ensalzar solo las cosas buenas que tiene esta miniserie, ya que hay situaciones que resultan un tanto inverosímiles. Eso de que el personaje encarnado por Redmayne evada tantas veces a la muerte, creo que es un error. Podrían haberse ahorrado algunas de esas escenas, quedándose quizás con un par. Hay un momento previo a la batalla final, donde un Firebrace borracho resulta un tanto sobrecargado, demasiado sobreactuado, pero no puedo echar la culpa al actor, pues probablemente haya sido más bien cosa de la dirección.

Al margen de esto, merece que dediquen unas horas de su tiempo a disfrutar de esta inflavalorada historia de guerra y paz.



En resumen, creo que resulta una serie fácil de ver, interesante y bien ambientada. Está llena de detalles, que si el espectador reconoce, dan mucho valor a la dirección. Creo que no defrauda, y los primeros planos son certeros, dan siempre cierto suspense a la trama, con una más que destacada interpretación de Eddie Redmayne.

No puedo olvidar decir que, aunque el argumento principal sea el romance de ambos protagonistas, no es ni mucho menos lo más destacable. Así que, si no les gustan las historias de amor, no se preocupen, y no dejen de darle una oportunidad.

Eso sí, veánla en V.O. Si hace falta con subtítulos. No deben perderse los maravillosos acentos británicos que se oyen por doquier.


¡Ah, si! Y el final les resultará sorprendente.
Besos para ellos y para ellas,

B. 

sábado, 26 de abril de 2014

La segunda estrella a la derecha y recto hasta el amanecer

Cadena perpetua

Andy Dufresne (Tim Robbins) es un banquero condenado a cadena perpetua por el asesinato de su mujer y el amante de ésta. Poco a poco se gana el respeto de los demás reclusos y la amistad de Red (Morgan Freeman), que dirige el mercado negro de la prisión. Andy adquiere ciertos privilegios por resolver problemas fiscales a los guardias así como al alcaide, para quien organiza una extensa red de corrupciones políticas.Andy se entera por otro recluso de que el verdadero asesino de su mujer está encerrado en otro penal, por lo que pide que se reabra su caso. El alcaide ordena entonces asesinar a este nuevo recluso para evitar la marcha de Andy y que salgan a la luz sus sucios negocios. A partir de ese momento Andy pierde todos sus privilegios, por lo que decide jugarse el todo por el todo y aprovecha los servicios que el alcaide todavía requiere de él para recuperar su honor y su libertad.


En este caso, no tengo mucho interés en alabar esta gran película, ya que habla por sí sola. Si aún no han tenido el placer de verla, ¡háganlo! Sino se estarán perdiendo una de las grandes del cine. Al margen de los muchos tópicos carcelarios (ataques homosexuales y abuso carcelario, entre otros), es una película muy fresca, con diálogos que envuelven al espectador y de gran trascendencia en el mundo del séptimo arte. 

Me interesa más hablar sobre el valor de la amistad. Como le ocurre a nuestro protagonista Andy, cuando ya no te queda nada por lo que luchar, solo somos capaces de soñar con una vida mejor.   Esperanza y amistad. Las dos cosas que mueven el mundo. Ni el dinero, ni la felicidad, pues todo eso llega en uno u otro momento. O no. Lealtad, inteligencia, perseverancia, justicia, amor incondicional. Todo eso y mucho más es lo que se puede extravasar de esta película. Pienso en todos esos momentos en los que me la han recomendado y en todos esos otros en los que la he visto entre mis películas pendientes, y me doy cuenta de cuan paciente he sido todo este tiempo. ¿Cómo he podido resistirme? Hacía muchísimo tiempo que no veía nada igual. Un metraje que no deja indiferente a nadie, que me recuerda a todo el buen cine de los 80 y 90.  Qué poco hacía falta para que el resultado fuera una película sublime dejando a un lado los efectos especiales, el vestuario y todo lo demás. Haciendo únicamente algo grandioso de un par de más que grandes actores. 


Siempre me han gustado ese tipo de obras en las que el narrador en off es uno de los personajes, pero que me gusten no quiere decir que siempre sean acertadas. En este caso, con cada palabra he sentido la profundidad de su significado y el sentimiento que se ha puesto en cada letra. Puede que incluso me haya resultado algo sobrecogedora en ciertos momentos, llegando a embriagarme, incluso haciendo que olvidase la dureza de la situación. Maravillosa, sublime, con un reparto de quitar el hipo y una amistad que va más allá de las fronteras, de la edad y por supuesto, mucho más allá del interés.
 
De nuevo, tengo el placer de alabar al gran Thomas Newman (al igual que hice en el post sobre 'Al encuentro de Mr.Banks') por una gran BSO. 


Stockholm
Una noche, en una discoteca, ves a una chica, te enamoras de manera fulminante y se lo dices. Aunque no te hace mucho caso, pasas con ella el resto de la noche y termináis en la cama. ¿Qué ocurriría si, al día siguiente, no fuera la chica que parecía ser? Una noche, en una discoteca, se te acerca el típico chico que dice que se ha enamorado de ti. No le haces caso, pero después compruebas que no es el típico plasta, es simpático, encantador y realmente se ha enamorado de ti; así que pasas la noche con él. ¿Qué ocurriría si al día siguiente no fuera en absoluto el chico que parecía ser?


El cine español comienza a estar entre mis planes de tarde de domingo, algo que pensé que nunca llegaría a poder decir. Una vez más vuelvo a tener esperanza en la industria del cine español con una película como esta: independiente y de bajo presupuesto.

Los cambios de escena son más bien escasos, pero es que además resultan totalmente innecesarios. No recuerdo haber visto una película de semejante sencillez, que se basa casi únicamente en dos personas que mantienen una conversación y que además hace al espectador mantenerse en vilo a lo largo de toda su duración. No podría dejar de mencionar la fotografía, clara, sencilla y más que acertada para una película de esta índole.

Me gusta la idea de una industria en la que se denuncian, o simplemente se tienen en cuenta, problemas a los que se enfrentan muchos jóvenes de hoy en día. Comienza como cualquier historia de chico conoce a chica, al principio bastante predecible, que cuenta como dos personas que no se conocen de nada 'se gustan'. Pero hacia la mitad, se rompe con gran elegancia y una fragilidad infinita. Muy acertadamente los nombres de los protagonistas quedan ocultos, asemejando las fugaces relaciones que se viven, en las que uno no sabe nada del otro, y toda esa superficialidad que mueve a las personas.
 

Tengo la impresión de que no dejará indiferente a nadie, haciendo que el espectador, tras el fin, se quede durante algo más que unos minutos pensando en todo lo que acaba de ver, llegando en algunos casos a no llegar a entender del todo el mensaje de la película. Incluso habrá gente que piense que ha sido toda una decepción. Es cierto, cada uno aprecia el tipo de cine que le gusta. Sin embargo, al igual que yo se la dí, merece que se le de una oportunidad. 

En resumen, un retrato generacional sobre lo poco que nos tenemos en cuenta unos a otros, sin olvidarme de mencionar a dos actores amateur que me han sorprendido siempre para bien.



Hay muchas cosas que me gustan del cine, pero lo que más disfruto es, sin duda, el poder soñar. El poder volver a ser un niño otra vez, sumergiéndonos en el mundo de Nunca Jamás, donde la segunda estrella a la derecha y recto hasta el amanecer es todo lo que importa. Sin nada más, sin problemas. Quizá es este también el motivo por el que disfruto tanto el cine clásico, donde la magia de Hollywood se palpaba en cada mirada, cada gesto y cada palabra de los personajes. 

Hasta pronto,

B.

domingo, 20 de abril de 2014

Las dos caras de la moneda

 "El amor es sufrido y considerado, nunca es celoso. El amor nunca es jactancioso o engreído, nunca es grosero o egoísta, nunca se ofende ni es resentido. El amor no haya placer en los pecados de los demás y se deleita en la verdad. Siempre está dispuesto a excusar, confiar, esperar y soportar todo lo que venga."
 -Un paseo para recordar-

El amor se presenta en nuestras vidas de maneras muy diversas, y llega a sacar lo peor y lo mejor de nosotros. Por amor, ¿qué estarías dispuesto a hacer? Personalmente, he visto de todo: engaños, mentiras, sacrificio, generosidad, egoísmo, ... Da miedo, nos hace débiles, marchitos, vigorosos, da la vida y la peor forma de sufrimiento. Todo al mismo tiempo. Pero al igual que el dolor, el amor deja ver nuestra esencia, nuestra más escondida debilidad. Y eso puede ser bueno o malo, pero así es como es y como debe ser la condición humana. De otro modo, ¿valoraríamos la felicidad?


Philomena 
Martin Sixsmith es un cínico y descreído periodista caído en desgracia que, un buen día, se encuentra con la historia de su vida: Philomena Lee, una humilde pero siempre bienintencionada mujer de setentaytantos años que se ha pasado los últimos cincuenta buscando a su hijo. La historia de Philomena es una que ha tratado de ser silenciada durante medio siglo y habla de cómo la estricta sociedad de la época le robó a su recién nacido y la condenó a ingresar en un convento como castigo por quedarse embarazada tan joven. Ahora el periodista y la anciana pero valerosa mujer decidirán unir sus fuerzas y se embarcarán en un viaje inolvidable entre dos continentes en busca de la verdad y de la justicia, y que les cambiará a ambos para siempre.


Yo me pregunto: ¿se puede querer a alguien a quién realmente no has llegado a conocer? Me vienen a la mente todas esas personas que mantienen relaciones vía internet, y todos esos matrimonios y diversos periplos románticos en los que realmente no se llega a conocer al otro. Se dice que hace falta toda una vida para conocer a los demás, pero en algunas ocasiones todo ese tiempo es innecesario. Solo hace falta saber una cosa: querer incondicionalmente. Y no hay otro amor más puro que el de una madre, se dice. Yo no sé lo que es eso, pero gracias a una excelente interpretación -de nuevo- de una Judi Dench que recuerda a aquella que interpretó a la reina Isabel, podemos sentirlo. Se palpa el sufrimiento que alberga a lo largo de esta adaptación al libro 'The lost child of Philomena Lee'. 
  
Aún no me puedo creer que no hace tanto tiempo, tan solo unas décadas, ocurriesen semejantes barbaridades como la que le aconteció a esta mujer. Privar a una madre de la compañía de su hijo, nada más y nada menos que por parte de unas monjas, que más que ser crueles, recuerdan a la peor combinación posible entre Maléfica y la madrasta de Blancanieves. Y menos aún concibo que se prive a una mujer de más de setenta años de saber qué fue lo que el destino le deparó a su hijo. 


Espero que la verdadera Philomena esté contenta con lo que se ha hecho con su triste historia, porque así debería ser. No se podría haber elegido a nadie mejor para interpretarla. Judi Dench encarna el papel de una mujer dura, con una gran fortaleza y en muchas ocasiones hilarante, pero por encima de todo eso, hace de Philomena una mujer entrañable, tierna, perseverante, capaz, respetuosa y con una capacidad de perdonar como no se ha visto otra igual.  

He de añadir que la fotografía, a su manera, me ha parecido espléndida. Nos enseña, una vez más, los parajes más reconditos de la campiña inglesa expuestos desde un punto de vista exquisito.

Vale la pena ver películas como esta, que nos enseñan que el mundo ha llegado a ser más cruel de lo que es ahora. Vale la pena conocer el sufrimiento aunque sea a través de una película cuyas únicas pretensiones son entretener y recaudar. Lo mejor de todo es que está basada en hechos reales, contada por un periodista que no creía en las historias de interés humano y que, sin embargo, no encontró otra opción que no fuera meterse de lleno en esta increíble historia.




Her 
En un futuro no muy lejano Theodore, un escritor solitario, adquiere un moderno sistema operativo diseñado para satisfacer todas las necesidades del usuario. Para sorpresa de Theodore este iniciará una relación sentimental con dicho sistema operativo. Esta historia poco convencional mezcla ciencia-ficción y romance, en un relato que explora la naturaleza del amor y las formas en que la tecnología al mismo tiempo nos aísla y nos conecta a todos.


¿Hay gente incapaz de amar o gente que no se deja querer? Yo no creo que pueda haber alguien en el mundo que no quiera a nadie. Soy una total y absoluta defensora de que el amor, como forma de amistad mueve al mundo. En cuanto a que hay gente que no se deja querer, es del todo cierto. Theodore, el protagonista de esta historia, es un claro ejemplo. Un hombre sólo, cuya mujer le abandona precisamente por no darse a conocer y ¿cómo se puede querer a alguien sin conocerlo? De nuevo me remito al amor incondicional, pero en el caso de esta historia se habla del amor pasional, del que eliges para compartir toda una vida. Los divorcios no siempre se basan en que dos ya no se quieran, sino en que dos ya no comparten la misma visión de pareja, de futuro, de vida.  

Joaquin Phoenix es uno de mis actores favoritos, y una vez más ha conseguido que recuerde el por qué. Interpreta el papel de un hombre amable, listo, con complejos, con una gran capacidad de amar y profundamente emocional. Lo más raro de todo es que sabe querer, pero no deja que le quieran. Reconozco que en esta ocasión se trata de un personaje cuya excentricidad es atípica, en una película aún más atípica si cabe. Es por eso que lo llaman cine de autor.


Cine de autor sin ningún tipo de duda. Pero, ¿qué es el cine de autor? Muchos hablamos de ello, pero la mayoría ni siquiera sabemos de lo que estamos hablando. El cine de autor es ese cine tan raro, que muchas veces no entendemos, ese que deja a algunos impresionados y a otros como si se hubieran comido un pan sin sal. Es ese tipo de arte en el que el autor da una visión bastante particular y peculiar de un guión generalmente propio. Véase la referencia de Hitchcock. Entiendo que es un tipo de cine que no gusta a todo el mundo y que no siempre deja un buen sabor de boca, pero de vez en cuando está bien salir de la monotonía, de las películas claras, para dar paso a otras que nos hacen reflexionar. Es por eso y por muchas otras cosas, por las que yo le doy siempre un voto de confianza al cine de autor. 


En resumen, dos metrajes muy parecidos y diferentes a la vez, que como yo pretendía nos muestran dos formas de amor tan dispares como sobrecogedoras. Se presentan como dos películas con todo y nada en común, como las dos caras de una misma moneda. Por un lado nos encontramos el amor incondicional, ese que no se elige; y por otro, el amor necesitado y desesperado, que en cierto modo no da lugar a elección. 

Hasta pronto, 

B.