viernes, 10 de febrero de 2017

Ojos que ven, corazón que siente

Manchester frente al mar 


Lee Chandler (Casey Affleck) es un solitario encargado de mantenimiento de edificios de Boston que se ve obligado a regresar a su pequeño pueblo natal tras enterarse de que su hermano Joe ha fallecido. Allí se encuentra con su sobrino de 16 años, del que tendrá que hacerse cargo. De pronto, Lee se verá obligado a enfrentarse a un pasado trágico que le llevó a separarse de su esposa Randi (Michelle Williams) y de la comunidad en la que nació y creció. 

Con esta película he tenido sentimientos encontrados. Me explico. Antes de verla, tenía ganas, pero también pensaba que sería la típica que voy dejando en la lista de 'películas que quiero ver' por ser lenta y no acabar de convencerme la sinopsis. 
Pero tengo un buen amigo cinéfilo de esos que ya no quedan, al que le gusta el cine de autor, y hables del director que hables nunca te responderá con un: ¿Quién es ese, qué películas ha dirigido? 
Es como una buena enciclopedia de cine, y con un gusto exquisito. Por eso, me convencí de verla. Y para qué nos vamos a engañar, la empecé a ver sin mucho entusiasmo. 

Tras un par de tomas, empecé a enamorarme. 
Me enamoré de Manchester, de sus paisajes, de sus habitantes y de su historia por contar, hasta tal punto de haber buscado su localización en el mapa, y querer ir a visitar esa ciudad que tanto me ha hecho sentir.
Además de todo esto, la banda sonora crea una fluidez maravillosa, que se integra perfectamente con todos los elementos que la rodean y hace que sea un placer aún más grande ver 'Manchester frente al mar'.


La historia es sencilla, tortuosa, apremiante, sorprendente, pero siempre sencilla. Algunos pensarán que estoy loca, pero no creo que sea una película que se base en grandes acontecimientos. 

Llegados a este punto y a esta conclusión, creo que he de explicarme una vez más. Sí que hay grandes acontecimientos, pero están tan bien contados, son tan reales, que dejan al espectador con la sensación de haber visto una historia que no cuenta mucho. 
Podrían pensar que eso no la hace una buena película, pero no lo hagan, sería una gran equivocación.
Las escenas se van sucediendo una tras otra, de una forma sutil, bien hilvanada y con una forma de narrar tan imperceptible, que resulta natural como la vida misma aunque las situaciones que se crean no lo sean. 

No conocía a Kenneth Lonergan, pero al ver unas pocas secuencias he podido entrever que cuida cada detalle, cada fotograma y cada actitud de sus actores. Y que el duelo y la miseria son dos sentimientos que sabe plasmar perfectamente con una dirección genialmente estructurada.

Solo me queda decir que Casey está sublime en su papel, su personaje (Lee) esconde una gran historia tras esa fachada de introversión, hasta tal punto en el que habrá momentos durante el metraje en los que no puedan contener una pequeña lágrima cayendo por sus mejillas, casi sin darse cuenta. Podría dar un curso acelerado y ponerme a hablar de técnica, pero hay veces que los tecnicismos se quedan pequeños para describir sentimientos. Sientan a su personaje, no hace falta saber mucho para darse cuenta de que Casey Affleck ha dado con el papel de su vida. 


Hace poco vi una entrevista en la que decía que cuando había llegado el guión a sus manos se había quedado tan fascinado, que pensó que no le importaría que nadie fuera a verla al cine, que merecía la pena correr el riesgo. Y no se equivocó. Eso sí, puede que después del 26 de Febrero de 2017, Matt Damon se tire un poco de los pelos por haber pasado el papel a su amigo.
Haga lo que haga este año la academia, este señor ha construído un papel de Óscar. 

No puedo dejar de nombrar a una Williams espectacular, no en vano, es una de las grandes actrices infravaloradas de los últimos años.

Y por último pero con la misma importancia, debo nombrar a Lucas Hedges. Lo había visto en alguna producción siendo aún más joven de lo que ya es y la verdad es que no le había dado mucho crédito. Tras ver 'Manchester frente al mar' será difícil borrarle de mi retina. Casey se echa sobre los hombros la mayor parte del metraje, tal como su papel requiere, pero sin Patty (Lucas Hedges) nada cobraría ningún sentido. Créanme que lo entenderán al recorrer las casi dos horas de duración de la producción.


Me quedo con dos grandes personajes principales, con una historia dura, que destruye, pero también recompone, y con cómo la familia puede suponer la salvación para uno mismo.


Hasta pronto, 
B.

sábado, 12 de noviembre de 2016

La salvación de Mr.Church


Mr.Church

'Mr. Church' cuenta la historia de la amistad única que desarrollaron una niña pequeña y su madre moribunda con un talentoso cocinero llamado Henry Joseph Church que decidieron mantener como empleado. Lo que comenzó siendo un acuerdo de trabajo por seis meses se extendió a quince años y la familia creó un lazo que duraría para siempre. 

No había llorado tanto con una película en mucho tiempo. Solo puedo decir que es entrañable, que está llena de desdichas, pero también de superación, de cómo seguir adelante, de cómo enamorarse de la vida, y de cómo una persona puede cambiar el curso de las cosas. De cómo pertenecer y llegar a ser feliz en las condiciones menos favorables. 


Si Mr. Church es el centro del metraje, el jazz y la cocina lo son también. Son dos de las cosas que más definen la personalidad de Mr. Church, de modo que se hacen presentes a lo largo de toda la película, llegando a hacerse imprescindibles para considerarla una historia bien contada.

Creo que es la primera vez que veo una película en la que me tomo en serio a Eddie Murphy, y al contrario de resultarme desagradable, ha sido una gran sorpresa para mis ojos y oídos, y muy grata he de decir. Pero no solo Murphy es digno de mención.
Tanto Madison Wolfe (Poppy de pequeña), como Mckenna Grace, y Natalie Coughlin; es decir, las pequeñas, pero talentosas actrices, dan gran fuerza al curso de los hechos. Hacen que la historia cobre sentido, luz, magia. Están soberbias.


Las tres niñas tejen su papel con gran delicadeza, resultando por supuesto imprescindible la presencia de Britt Robertson (Charlotte). Esta, sorprendentemente adulta, hace aflorar emociones en el espectador que nunca creí posibles de esta joven, pero prometedora actriz. Pasa por las algunas de las peores circunstancias en las que la vida nos puede llegar a poner a cualquiera, y lo hace con gran entereza, tesón y un gran sentido de la pérdida. Deja que Mr. Church cuide de ella, llegando a considerarle su única familia -hecho que se hace patente cuando este la echa de su casa, y por un momento se ve sola en el mundo-, y cuando llega el momento de devolverle todo lo que ha hecho a lo largo de los años, allí está ella, para dar y dejar de recibir después de 15 años.

Me gustaría hacer también mención a la evolución del personaje de Murphy. A lo largo de los años se presenta como un personaje misterioso, que hace su trabajo y cuida de una niña y su madre sin ninguna obligación de hacerlo. Y en ese momento que ya he nombrado, en el que echa a Charlotte de su vida, ella tiene un accidente, se recompone, se hace cargo de ella y siguen el curso de sus vidas. Es entonces, después de unos años más, cuando cae enfermo y demuestra a través de sus palabras a la hija de Charlotte -Izzy-, cómo un hombre perdido en el mundo, cae por cosas del destino, en su salvación. Ambos personajes se salvan mutuamente. 


Y aquí entra el tercero en discordia: Larson, interpretado por Christian Madsen. Que no solo es un personaje de relleno, si no que se hace imprescindible, llegando al punto en el que Charlotte supone su forma de redimirse, de hacer las paces con la vida, y así poder dirigirla hacia algo mejor.

Al empezar a ver la película, esperas una triste historia de hija y madre con cáncer, para llorar, para casi cortarte las venas. Pero según va avanzando, te das cuenta de que esta película trata mucho más que de eso. Se trata del amor en todo su esplendor, de cómo una niña puede empezar no queriendo tener a Mr. Church en su casa, para terminar considerándolo el centro de su mundo. Y, sinceramente, ojalá todos tuviéramos a un Mr. Church para que nos salvara la vida. 


Podría hablar de banda sonora, fotografía, montaje, dirección, pero creo que esta película va mucho más allá de eso. Va de sentimientos, de personas, de pequeñísimos detalles.

Sinceramente, me resulta una historia tierna, lacrimógena y que puede enseñar mucho de la vida. Los actores están cómodos y espléndidos en sus papeles y eso hace de esta película una serie de fotogramas muy agradables de ver.

Es, en resumen, como las palabras de Charlotte: unos hablarán sólo de ella, otros de todo menos de ella y otros no hablarán porque no lo necesitan.



Y, al final, así es la vida: unos hablan de sí mismos, otros tan solo de los demás y a otros no hablan porque no lo necesitan. 

Hasta pronto espero, 
B.